Hola muchacos y muchachas,El fin de este thread es para mostrar como en otras culturas se solucionan las cosas, no de la manera ortodoxa que nosotros conocemos , pero con un gran sentido de honor, y respeto a pesar que la violencia esta manifiesta. Lo abro primero con gran sentido de respeto hacia la cultura que estas personas representan, tambien con sentido del humor y un poco de ironia bien intensionada, por cosas que se han visto aqui en el foro. no es con la intension de promover violecia tampoco, mas violento es el UFC. acontinuacion una resena de esta celebracion y unos videos mas abajo, todo podemos relacionar atar cabos y sacar una buena conclucion . Saludos
Gran takanakuy
Luchas rituales en las alturas del Qosqo (Cusco), celebradas extrañamente durante la Navidad en poblados de Chumbivilcas, escenifican rivalidades colectivas, el takanakuy(1) se distingue por la demostración personal, pública pero individualizada, de coraje y fortaleza física. Es un examen ante la sociedad misma. Esta rara tradición, excepcional por mantenerse fiel tan sólo a las expectativas y demandas de la propia comunidad que la genera.
Se trata de un rito en el que, a través de puñetes y patadas, se dirimen las cosas: se afianzan o terminan las relaciones, se pierde una mujer, se gana un hombre, un caballo, una vaca, un pedazo de tierra. En resumen, una catarsis colectiva que anualmente ajusta, regula, los engranajes de esta sociedad campesina. Exceso total de las formas y de los hábitos.
En la tradición oral los orígenes de estos pugilatos rituales entremezclan relatos mítico-religiosos –la pelea de dos Niños sagrados– con explicaciones históricas que se remontan a la Colonia –luchas entre esclavos negros, primero, y luego entre siervos indígenas, propiciadas por los hacendados–.
En tierra de hombres bravos siempre ocurre algo distinto: celebrar aquí la Navidad es reventarse la cara a golpes. Por honor.
El día empieza con el buñuelos ch’aquy(8), frente al mismo templo desde donde un cura norteamericano intenta prohibir las “luchas salvajes”. Sin hacerle demasiado caso, inician todos, hombres, mujeres y bandas, el camino al ruedo. Sea una plaza de toros en Santo Tomás o un gran círculo de tierra en Llique, un despliegue de árbitros, de rudos y técnicos, La justicia, el bueno y el malo, la riña aguantada, la amistad en prueba, el deporte y la cultura, todo explotará aquí, en paradójica celebración.
El rito se convirtió en violencia y la violencia en una fiesta. Un espectáculo tan humano como la sangre que hierve entre dos cuerpos enfrentados en medio de un círculo humano que se irá reduciendo hasta la asfixia. Los teniente-gobernadores que harán de árbitros repartirán chicote para evitarlo.
Sorprende ver enmascarados monstruos de Frankenstein, Hombres Lobo y ogros de halloween. Luchan los niños, porque desde pequeños se forman los briosos. Chocan los grandes, hombres y también mujeres. Todos en medio de patadas, golpes y chorros de sangre escupidos sobre la tierra. La emoción será permanente y violenta: se cuenta de graves accidentes. Por eso está prohibido atacar al caído: mandarlo a tierra ya asegura la victoria. Y entonces del gesto feroz se pasará al abrazo y a la sonrisa.
Avanza el día, sólo se respira el polvo y hay broncas simultáneas por doquier. Mientras corre el licor, los látigos surcan el aire. Sólo se oyen golpes sobre la cara, graznidos y gritos. Y la convicción de presenciar una violencia que separa y une.
Una mística y un deporte, un desahogo colectivo que culmina cuando el pueblo entero ha renovado sus ánimos o el pacto para otra pelea. Pero eso ya será el
próximo año. Cuando ese goce causado por los cuerpos en lucha, enfrentados en pos de una victoria que señale al mejor, se repita. Y allá irán los luchadores.